miércoles, 1 de febrero de 2012

Pigmalión 2.0

El dibujante miraba la hoja en blanco y se acariciaba la barbilla. Tenía en su mente la imagen de la que sería su más importante obra, pero llevarla al papel lo aterraba; las cosas estaban raras desde hacía semanas y eso lo llevaba a pensar mil veces antes de garabatear.

Todo empezó una noche solitaria, cuando el hambre le recordó que irse a vivir sólo no había sido una idea tan brillante como parecía a priori. El limón a medio exprimir y los fideos fríos del día anterior no mostraban un panorama demasiado alentador, así que se dedicó a dibujar lo primero que le saliera, para pasar el tiempo. Como no podía ser de otra manera a esa altura de la noche, lo único que se le ocurrió fue dibujar fue una cena recién servida, con todos los platos que su imaginación podía preparar. Le llevó unos minutos descubrir el olor que venía del comedor una vez terminada su obra; pensó que estaría delirando, pero por las dudas quiso asegurarse. De inmediato descubrió lo duro que era el suelo del apartamento cuando cayó luego de ver su cena servida en la mesa, como si el mismísimo Mandinga la hubiera llevado allí desde el papel. Se acercó despacio, la examinó detenidamente y, tal vez movido por el recuerdo de los fideos fríos en la heladera, probó el primer bocado. Y el segundo. Y el tercero, y así hasta terminar la mejor cena que había tenido desde su declaración de independencia.

Esa noche no pudo dormir. Esperaba que se apareciera el Diablo a reclamar su alma, o algún cura loco a exorcizarlos a él y sus lápices. Cada tanto tomaba su cuaderno y pensaba en dibujar más cosas, pero lo invadía el terror y desistía. Así estuvo hasta la mañana, cuando con varias tazas de café encima se decidió a experimentar nuevamente. Fue dibujando elementos inofensivos y que cupieran en su mesa: una medialuna (que no duró mucho), una taza, una caja de cigarros, todo se tornaba real ante su mirada. La cosa se ponía seria.

Se quedó mirando sus obras desparramadas por la mesa y la obvia realidad se abrió paso entre su nublada conciencia. Podía tener lo que quisiera y pudiera dibujar. Lo cual era equivalente, gracias a su talento, a tener lo que quisiera. Se dibujó un almuerzo y volvió a la cama, la idea de tener todo al alcance de su lápiz lo aplastaba; nunca había sido codicioso y no iba a empezar ahora, prefería ser feliz con poco y no abusar de su magia. La idea del Diablo tocando la puerta para cobrar lo suyo todavía seguía dando vueltas, pero poco a poco otra idea más grande y pesada iba tomando su lugar en la agitada cabeza del artista: esto no podía ser una casualidad, tenía que ser la oportunidad de plasmar su sueño, de traerlo a la vida. Se asustó y se dedicó a pensar, el plan necesitaba más reflexión.

Finalmente llegó el día, ya tenía la imagen clara y sólo le faltaba empezar. Poco a poco fue dibujando a su eterno amor, cuidando hasta el más mínimo detalle. Cada onda en su pelo, el color de los ojos, los labios suaves, la piel inmaculada, la perfección de su silueta, todo. La dibujó vestida, para no perder la mística. Le dio una sonrisa casi perfecta, tal vez para recordar su carácter humano, tal vez por los nervios de ver que estaba cada vez más cerca de terminar. Y terminó, luego de darle el último toque de color.

En ese instante lo invadió una necesidad de salir corriendo, una brújula interna le decía hacia dónde. Corrió como el viento hasta la plaza más cercana para, ya sin aliento, ver un pelo ondulado que se movía con el viento. Apoyó sus manos sobre las rodillas para tomar aire, sin quitar la vista de su creación. Ella levantó la mirada y encontró los ojos del dibujante, que no parpadeaba; se miraron como dos personas que se conocen de hace mucho tiempo pero no recuerdan de dónde. El dibujante se acercó y la llamó por el nombre que él le daba en sus sueños, ella respondió con una sonrisa y lo llamó por su nombre. Cualquiera que hubiera visto la escena no hubiera entendido la mueca de dolor en la cara del artista. Como espantado se congeló, se disculpó con excusas que nadie hubiera creído y se fue caminando rápido.

Mientras caminaba se puteaba en voz baja. Repasaba todo lo que había hecho mientras dibujaba, una y otra vez. Miró con detalle el papel donde estaba el dibujo y lo tiró en la vereda. Por más que intentaba recordar, estaba seguro de que él no le había dado esa espantosa voz chillona.


Debió haber sido El Mandinga, cuando vio que un alma tan frívola iba a ser suya tarde o temprano.

14 comentarios:

  1. muy interesante, ale.
    hay una película con brendan fraser en la que el loco crea todo lo que lee.
    esto vendría a ser una mezcla entre eso y el problema de conocer gente por internet, que después no sabés que voz van a tener.
    abrazo
    f

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    1. Creo haber visto un rato de esa película, pero no soy muy cinéfilo así que puedo estar mintiendo sin darme cuenta jaja. Que garrón, mirá si vos pensabas que la voz fea se la daba el micrófono, y cuando conocés a la persona tiene esa voz espantosa. Que horror!

      Saludos!

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  2. Impresionante, ale, muy cautivante la historia.
    Me queda la idea de que la perfección es algo divino, es imposible igualar la obra de dios. Por suerte soy ateo, jajaja.
    Me gusto mucho leerte, un abrazo

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    1. La perfección es como una asíntota. Con esa te pude, ingeniero ;) Pero es verdad, creo que la perfección es sólo una imagen, como la zanahoria adelante del burro, no? Entonces el hombre dijo "quiero representar a la perfección y a la omnpotencia con algo" y creo su propia idea de dios. Espero, porque si no voy a pasar mi retiro en un lugar demasiado caluroso...

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  3. Realmente está muy bueno el cuento, me ha gustado mucho. Escribes muy bien.

    Un gusto conocerte, voy a andar un poco más por aquí. Saludos!

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    1. Muchas gracias :) Bienvenida al blog y pasá cuando quieras! Saludos!

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  4. Muy lindo el cuento pero me parece un tanto superficial el final u.u Beso

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    1. Gracias! Si el final no tiene mucho que ver es porque primero pensé el final por separado y después le armé un cuentito que lo acompañara... Soy nuevo en esto :)

      Y tengo que aprender cómo ponerle nombre a los comentarios anónimos para enseñarle a los comentadores anónimos jaja

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    2. Jajajajaj La magia de escribir es tener la sabiduría para saber cuando es conveniente abandonar una idea que no contribuye a lo que fluye originalmente :)

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  5. Mijo, escribí más seguido.

    Carajo.

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  6. (¿Es necesario aclarar que está realmente lindo tu texto?)

    Bueno, lo está.

    :))

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    1. Gracias! No es necesario, pero queda lindo que lo aclares :D Y respecto a lo de escribir más seguido, ¿alguna vez le pediste peras a un olmo? Generalmente no funciona, ¡pero habrá que ver esta vez! Capaz que en el fondo logro ser menos olmo (o menos boludo) :P

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  7. Qué buen texto! me trajo varios recuerdos de largas noches tratando de plasmar rostros oníricos y ojos de mi mundo imaginario..

    como dice el gran Pessoa "la obra ejecutada es siempre la sombra grotesca de la obra soñada"

    Saludos desde mi rincón imaginario.

    PD: acabo de recordar un texto que leí hace años que el dibujante no solo daba vida a sus creaciones al dibujarlas sino que ellas tomaban su vida y el artista quedaba encerrado en el papel,je salado!
    si lo encuentro voy a subirlo al blog un día

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    1. Tiene mucha razón Pessoa, yo que no sé dibujar lo he sufrido siempre jeje.

      Si subís eso al blog, en algún momento lo voy a leer.

      Saludos!

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Pase y diga lo que se le ocurra. Gracias.